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LA EXISTENCIA DE JESÚS: Análisis Historiográfico Comparado (II)

 

III. LA POSTURA MITISTA: JESÚS COMO CONSTRUCCIÓN MÍTICA

El mitismo sostiene que Jesús de Nazaret nunca existió como persona histórica. La figura de los evangelios sería una construcción teológica y literaria elaborada a partir de fuentes judías, cultos mistéricos helenísticos y tipologías bíblicas del Antiguo Testamento. Esta postura es minoritaria en la academia especializada pero cuenta con representantes académicos y ha ganado visibilidad en la divulgación.

3.1. Desarrollo histórico del mitismo moderno

El mitismo moderno tiene sus raíces en los estudios de Bruno Bauer (Kritik der evangelischen Geschichte, 1840-1842), quien argumentó que los evangelios eran creaciones literarias sin sustrato histórico. Arthur Drews (Die Christusmythe, 1909) popularizó la tesis comparando a Jesús con dioses mistéricos. G.A. Wells (The Historical Evidence for Jesus, 1982) actualizó el argumento aunque luego moderó su posición. El representante académico contemporáneo más riguroso es Richard Carrier, cuya obra On the Historicity of Jesus (Sheffield Phoenix Press, 2014) constitye el trabajo mitista más sistemático hasta la fecha [12].

3.2. Los argumentos mitistas principales

3.2.1. El argumento del silencio contemporáneo

El argumento más recurrente es que no existe ninguna fuente contemporánea a Jesús que lo mencione. Si un predicador galileo realizó milagros, reunió multitudes y causó un disturbio en el Templo de Jerusalén durante una de las festividades más concurridas del año, su ausencia en los registros romanos, griegos y judíos del período resulta, para los mitistas, difícil de explicar.

Los papiros de Oxirrinco, los textos de Qumrán, las obras de Filón de Alejandría —contemporáneo exacto de Jesús— y la abundante producción literaria judeo-helenística del período no contienen ninguna referencia a él [13].

3.2.2. El Cristo celestial de Pablo

Los mitistas señalan que el Cristo de Pablo parece ser una figura celestial, preexistente y revelada, con pocas anclas en la historia concreta. Pablo habla de haber recibido el evangelio "por revelación" (Gálatas 1:12) y no por tradición humana. Las referencias a la encarnación parecen aludir a un descenso desde esferas celestiales, no a una vida terrena documentable.

"Porque os hago saber, hermanos, que el evangelio que os he anunciado no es de origen humano, pues no lo recibí ni lo aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo."  — Pablo de Tarso, Gálatas 1:11-12

Carrier argumenta que la expresión "hermano del Señor" no refiere a un vínculo biológico con Jesús sino a un título dentro de un grupo religioso, paralelo al uso de "hermanos" en las comunidades de culto paganas [14]. Este argumento, aunque debatido, tiene precedentes en la literatura de los cultos mistéricos.

3.2.3. Las similitudes con los cultos de misterio

Los mitistas señalan que motivos centrales del relato de Jesús —el dios que muere y resucita, la comida sagrada con el cuerpo y la sangre del dios, el hijo de dios nacido de una virgen— tienen paralelos en cultos mediterráneos anteriores: Osiris, Dioniso, Atis, Mitra, Adonis [15]. La interpretación mitista sostiene que los primeros cristianos construyeron a su héroe tomando estos moldes culturales disponibles.

3.2.4. El método bayesiano de Richard Carrier

La contribución metodológicamente más ambiciosa del mitismo contemporáneo es la aplicación del teorema de Bayes al problema de la existencia de Jesús. Carrier propone asignar probabilidades previas (prior probabilities) a la hipótesis histórica y a la hipótesis mítica, y actualizarlas en función de cada pieza de evidencia. Concluye que la probabilidad de la no-existencia histórica es considerablemente alta, aunque admite un margen de incertidumbre [16].

3.3. Críticas a los argumentos mitistas

3.3.1. La debilidad del argumento del silencio

El argumento del silencio es metodológicamente peligroso: tampoco tenemos fuentes contemporáneas de Sócrates (conocido sólo por Platón y Jenofonte, que escriben décadas después), de Espartaco, o de la mayoría de figuras del siglo I en regiones periféricas del Imperio. Judea era una provincia marginal; que sus líderes religiosos locales no dejaran rastro en los archivos romanos es la norma, no la excepción [17].

"El argumento del silencio raramente funciona en la historia antigua. Si usáramos este criterio de forma consistente, tendríamos que dudar de la existencia de la mayoría de los personajes del siglo I sobre los que tenemos escasa documentación."  — Bart Ehrman, ¿Existió Jesús realmente?, Crítica, Barcelona, 2013, p. 57

3.3.2. Los paralelos con los cultos de misterio: anacronismo e imprecisión

La crítica más seria a los argumentos de los paralelos es que muchas de las semejanzas invocadas son imprecisas, anacrónicas o basadas en interpretaciones tardías de esas religiones. Las fuentes sobre Mitra, por ejemplo, son en su mayoría posteriores al siglo II d.C. El motivo del dios que muere y resucita es menos universal en los cultos paganos de lo que sugieren los mitistas; el historiador de la religión Jonathan Z. Smith, en sus trabajos de 1969 y 1987, argumentó que la categoría de "dioses que mueren y resucitan" es una construcción moderna basada en interpretaciones tardías de las fuentes, postura desarrollada comparativamente por Tryggve Mettinger en The Riddle of Resurrection (2001) [18].

3.3.3. La asignación de probabilidades bayesianas: objeciones metodológicas

El enfoque bayesiano de Carrier ha sido cuestionado desde dentro de la disciplina histórica. El problema fundamental es que asignar probabilidades numéricas precisas a hechos históricos únicos es en sí mismo una operación más filosófica que historiográfica. El historiador Maurice Casey, antes de su muerte, dedicó un libro entero (Jesus: Evidence and Argument or Mythicist Myths?, T&T Clark, 2014) a refutar los argumentos de Carrier punto por punto [19].


 IV. CRÍTICA EPISTEMOLÓGICA A LOS CRITERIOS HISTORICISTAS

Este apartado examina la validez interna de los criterios usados por la postura historicista, una discusión que se ha producido principalmente dentro de la propia academia especializada en los últimos veinte años y que representa quizás el debate metodológico más sofisticado del campo.

4.1. El problema de la independencia entre fuentes

El criterio de atestigüamiento múltiple depende de que las fuentes sean genuinamente independientes. Pero la relación literaria entre los evangelios sinópticos —establecida por la hipótesis de las dos fuentes desde los trabajos de Christian Hermann Weisse (1838) y Heinrich Julius Holtzmann (1863)— muestra que Mateo y Lucas dependen de Marcos y de la fuente hipotética Q. Esto reduce significativamente el número de tradiciones independientes reales [20].

Además, la propia Q es un constructo hipotético inferido de las coincidencias entre Mateo y Lucas. Usarla como fuente independiente para corroborar datos de Marcos implica una circularidad metodológica: Q es inferida de los evangelios, y luego usada para corroborarlos.

4.2. La crítica de Keith y Le Donne: el colapso de los criterios

En 2012, los historiadores Chris Keith y Anthony Le Donne editaron el volumen Jesus, Criteria, and the Demise of Authenticity (T&T Clark), en el que varios especialistas argumentaron que el método de los criterios como sistema es fundamentalmente defectuoso. El problema central: los criterios asumen que es posible separar capas de "autenticidad" dentro de los evangelios, como si la tradición oral fuera un sedimento estratificado que la arqueología textual pudiera desagregar. Pero si —como establecen los trabajos sobre memoria social de Jan y Aleida Assmann— la memoria colectiva transforma lo recordado desde el primer momento de su transmisión, entonces no hay un estrato "puro" al que los criterios puedan acceder [21].

4.3. El criterio de vergüenza: fortalezas y limitaciones

El criterio de vergüenza es lógicamente atractivo pero metodológicamente circular en un punto clave: para saber qué era "embarazoso" para las primeras comunidades cristinas, debemos reconstruir esas comunidades usando los mismos textos que queremos evaluar. Dale Allison, uno de los más rigurosos defensores del Jesús histórico, ha admitido explícitamente esta limitación:

"Ninguno de nuestros criterios garantiza que estemos recuperando datos históricos auténticos sobre Jesús. En el mejor de los casos, nos hacen avanzar hacia afirmaciones probabilísticas, no hacia certezas."  — Dale C. Allison, Constructing Jesus, Baker Academic, 2010, p. 19

4.4. Las fuentes externas: peso epistémico real

El análisis riguroso de Tácito y Josefo revela un peso epistémico menor al frecuentemente atribuido en la divulgación:

Tácito: (a) escribió ca. 116 d.C., 85 años después de los eventos; (b) no indica su fuente; (c) pudo recibir la información de los propios cristianos; (d) el único manuscrito conservado data del siglo XI (Codex Mediceus II). No existe, por tanto, corroboración extracristiana completamente independiente garantizada.

Josefo: El Testimonium Flavianum en su forma actual contiene interpolaciones cristianas seguras; la reconstrucción del "núcleo auténtico" es una conjetura, no un texto. Solo la mención de Santiago (Ant. XX, 9, 1) es aceptada como auténtica con amplio consenso.

Esto no significa que estas fuentes sean inútiles; significa que su fuerza probatoria es más modesta de lo que frecuentemente se presenta.


 V. POSTURAS ALTERNATIVAS Y POSICIONES INTERMEDIAS

5.1. El agnosticismo histórico

Algunos historiadores, especialmente desde la filosofía de la historia, sostienen que la pregunta sobre la existencia histórica de Jesús puede ser, en principio, irresoluble dado el estado de las fuentes. Esta postura no afirma que Jesús no existió, sino que la evidencia disponible no permite concluir con la certeza requerida por el método histórico.

El historiador laico Raphael Lataster (Questioning the Historicity of Jesus, Brill, 2019) ha argumentado que la posición más honesta intelectualmente es el agnosticismo: la evidencia es insuficiente para afirmar o negar con confianza [22].

5.2. El Jesús compuesto

Thomas L. Thompson, especialista en el Antiguo Testamento (The Messiah Myth, Basic Books, 2005), propone que la figura de Jesús en los evangelios es una construcción literaria elaborada sobre múltiples tradiciones del Antiguo Testamento. El Jesús de los evangelios sería un tipo literario —el maestro justo, el profeta rechazado, el siervo sufriente de Isaías— más que el reflejo de una persona concreta. Thompson no niega necesariamente que hubiera algún individuo en el origen, pero considera imposible recuperar cualquier dato históricamente fiable sobre él [23].

5.3. El Jesús de la historia versus el Cristo de la fe

Esta distinción, formulada por Martin Kähler en 1892 y sistematizada por Albert Schweitzer en Investigación sobre la vida de Jesús (Geschichte der Leben-Jesu-Forschung, 1906), separa al individuo histórico del personaje teológico construido por la fe cristiana. Schweitzer demostró que cada intento de reconstruir al "Jesús histórico" tendía a reflejar los valores del investigador más que los datos de las fuentes. Esta crítica sigue siendo metodológicamente relevante [24].

"[Jesús] viene a nosotros como alguien desconocido, sin nombre, tal como a la orilla del lago se acercó a aquellos hombres que no sabían quién era."  — Albert Schweitzer, Von Reimarus zu Wrede, 1906 (trad. en El Almendro, 1990, párrafo final)

5.4. Reconstrucciones historicistas alternativas

Dentro del historicismo existe una notable diversidad sobre qué tipo de persona habría sido Jesús:

Jesús cínico: John Dominic Crossan (Jesús: vida de un campesino judío, Crítica, Barcelona, 1994) propone a Jesús como maestro itinerante de sabiduría subversiva, comparable a los filósofos cínicos griegos, que rechazaba las jerarquías patronales del Mediterráneo antiguo.

Jesús apocalíptico: E.P. Sanders (La figura histórica de Jesús, Verbo Divino, 2000) y Dale Allison proponen un Jesús fundamentalmente apocalíptico, inmerso en la expectativa del fin inminente y el juicio de Dios, dentro de la tradición de Juan el Bautista.

Jesús dentro del judaísmo: Géza Vermes (Jesús el judío) insiste en leer a Jesús como un judío galileo de su tiempo, comparable a los hasidim del período, hombres de Dios carismáticos conocidos por sus poderes curativos.

Jesús como reformador del templo: N.T. Wright propone que el episodio del templo fue la clave de la muerte de Jesús: un acto simbólico de juicio sobre la institución central del judaísmo que precipitó el enfrentamiento fatal con las autoridades sacerdotales [25].

Esta diversidad de reconstrucciones, usando los mismos datos, es en sí misma un indicador de los límites del método histórico en este campo.


VI. ESTADO ACTUAL DEL DEBATE ACADÉMICO

6.1. Consenso y disenso en la academia

El consenso académico secular —incluyendo historiadores sin compromisos religiosos— se inclina de forma significativa hacia la existencia de un Jesús histórico. Sin embargo, este consenso no debe entenderse como certeza demostrada, sino como la hipótesis que la mayoría de los especialistas considera más económica para explicar el origen del movimiento cristiano.

Bart Ehrman, exevangelical convertido al agnosticismo y crítico del historicismo crédulo, escribió ¿Existió Jesús realmente? (Crítica, 2013) precisamente para refutar el mitismo desde una perspectiva secular, considerándolo "metodológicamente deficiente". Sin embargo, el propio Ehrman admite que la evidencia sobre Jesús es "escasa, sesgada y mediocre" en comparación con la de otras figuras históricas del período [26].

6.2. Preguntas que el debate deja abiertas

Independientemente de la postura adoptada, el debate ha producido preguntas historiográficas genuinamente abiertas:

Primera: ¿Cuánto del Jesús de los evangelios es recuperable históricamente? Incluso los historicistas más rigurosos (Allison, Sanders) admiten que las tradiciones han sido tan transformadas que la reconstrucción del "Jesús real" es altamente especulativa.

Segunda: ¿Son los criterios de autenticidad herramientas válidas o ilusiones metodológicas? El debate interno de la disciplina (Keith, Le Donne) ha cuestionado seriamente su validez sistemática.

Tercera: ¿Puede la historia, como disciplina, responder esta pregunta? O dicho de otro modo: ¿estamos ante un problema resoluble con las herramientas disponibles, o ante un límite epistemológico de la disciplina histórica en su aplicación a fuentes antiguas fragmentarias y tendenciosas?+

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES

[12]  Carrier, R., On the Historicity of Jesus, Sheffield Phoenix Press, 2014, pp. 1-56.

[13]  Filón de Alejandría, Obras completas, Acervo Cultural, Buenos Aires, 1975-1978. La ausencia de menciones a Jesús en un autor judío tan prolífico es señalada por Carrier, op. cit., pp. 296-340.

[14]  Carrier, On the Historicity of Jesus, pp. 588-600.

[15]  Para una crítica rigurosa de estos paralelos: Ehrman, ¿Existió Jesús realmente?, Crítica, 2013, pp. 27-56.

[16]  Carrier, On the Historicity of Jesus, pp. 594-600 (conclusiones bayesianas).

[17]  Ehrman, ¿Existió Jesús realmente?, pp. 43-60.

[18]  Smith, J.Z., Drudgery Divine. On the Comparison of Early Christianities and the Religions of Late Antiquity, Chicago UP, 1990. [Crítica fundamental del comparativismo de los cultos de misterio.] — Mettinger, T.N.D., The Riddle of Resurrection. Dying and Rising Gods in the Ancient Near East, Almqvist & Wiksell, 2001. [Estudio comparativo de los dioses que mueren y resucitan, concluye que los paralelos con Jesús son limitados.]

[19]  Casey, M., Jesus: Evidence and Argument or Mythicist Myths?, T&T Clark, 2014, pp. 1-45.

[20]  Theissen-Merz, El Jesús histórico, Sígueme, 1999, pp. 30-52 (fuentes y sus relaciones literarias).

[21]  Keith, C.; Le Donne, A. (eds.), Jesus, Criteria, and the Demise of Authenticity, T&T Clark, 2012, pp. 1-22.

[22]  Lataster, R., Questioning the Historicity of Jesus, Brill, 2019, pp. 1-50.

[23]  Thompson, T.L., The Messiah Myth, Basic Books, 2005, pp. 1-30.

[24]  Schweitzer, A., Von Reimarus zu Wrede (1906), trad. esp. Investigación sobre la vida de Jesús, El Almendro, 1990. El pasaje final del libro es el argumento central de la obra entera.

[25]  Wright, N.T., Jesus and the Victory of God, Fortress Press, 1996, caps. 9-10. [No disponible en español; parcialmente resumido en Theissen-Merz, op. cit.]

[26]  Ehrman, ¿Existió Jesús realmente?, Crítica, 2013, p. 44.

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