El momento en que algo cambia
Hay un problema con la expresión «revolución
neolítica»: sugiere una ruptura brusca, un antes y un después claramente
delimitado. La arqueología muestra otra cosa. El paso de las comunidades de
cazadores-recolectores a las primeras aldeas agrícolas fue un proceso gradual,
desigual y reversible en algunos casos, extendido a lo largo de dos o tres
milenios y realizado de manera independiente en distintas regiones del planeta.
No hubo una sola revolución neolítica: hubo muchas transiciones, muchos ritmos,
muchos fracasos.
Y sin embargo algo cambia, y cambia de manera
decisiva, en el Próximo Oriente entre el 9500 y el 7000 a.e.c. No solo la
economía: la escala de las comunidades, la complejidad de los edificios, la
densidad de los símbolos, la elaboración del tratamiento de los muertos. El mundo
material de este período es cualitativamente distinto del mundo natuficense, y
la distancia entre él y las primeras ciudades sumerias del 3500 a.e.c. es
mensurable pero más corta de lo que parece.
En esta sección el proyecto analiza ese
proceso a través de tres sitios que, juntos, ofrecen el panorama más claro
disponible de lo que ocurre con el comportamiento simbólico en el Neolítico
levantino y anatólico: Göbekli Tepe, Çatalhöyük y Ain Ghazal. Tres sitios, tres
preguntas, y una que los atraviesa a todos: ¿hay una línea directa entre este
mundo y las tradiciones cultuales que el proyecto estudia en las secciones
siguientes?
I. Göbekli Tepe: el templo antes que la aldea
1.1 El descubrimiento y su impacto
En 1994, el arqueólogo alemán Klaus Schmidt
visitó un montículo en las colinas de Tauro, en el sureste de Turquía, cerca de
la ciudad de Şanlıurfa. El sitio había sido inspeccionado brevemente en los
años sesenta por arqueólogos estadounidenses que lo descartaron como cementerio
medieval. Schmidt vio otra cosa: dispersos en la superficie había fragmentos de
sílex y huesos de animales salvajes en cantidades que no correspondían a ningún
patrón de asentamiento conocido. Empezó a excavar.
Lo que encontró reordenó la prehistoria del
Próximo Oriente. Bajo la superficie había estructuras monumentales de piedra
caliza —recintos circulares delimitados por pilares en forma de T, algunos de
hasta seis metros de altura y veinte toneladas de peso— decorados con relieves
de animales: zorros, serpientes, jabalíes, grullas, buitres, leones. En los
vértices de los recintos, dos pilares centrales más grandes que los demás
mostraban rasgos antropomorfos: brazos, manos, cinturones. No eran pilares
abstractos. Eran figuras.
La datación fue lo que convirtió el hallazgo
en un problema teórico de primer orden: las estructuras más antiguas de Göbekli
Tepe datan de aproximadamente el 9600 a.e.c. Eso significa que fueron
construidas por comunidades de cazadores-recolectores, antes de que existiera
la agricultura, antes de que existieran las aldeas permanentes, antes de
cualquier organización social que los modelos previos consideráran capaz de
semejante empresa.
Cautela epistemológica:
Las
dataciones de Göbekli Tepe han sido sometidas a revisión continua. Las cifras
que se manejan en la divulgación popular (a menudo "12.000 años")
están basadas en dataciones por carbono 14 de materiales asociados, no
directamente de las estructuras. El consenso actual sitúa la construcción de
los recintos más antiguos alrededor del 9600-9000 a.e.c., pero este dato debe
leerse como aproximación con margen de error.
1.2 La tesis de Schmidt: el templo antes que la aldea
Klaus Schmidt formuló una hipótesis que
sacudió el campo. La narrativa estándar del Neolítico ponía el sedentarismo y
la agricultura como precondiciones del comportamiento ritual complejo: primero
la gente se asienta, acumula excedentes, desarrolla especialización social;
luego, con tiempo libre y complejidad organizativa, construye templos. Schmidt
propuso que la secuencia era la inversa, o al menos que no funcionaba como
secuencia.
Göbekli Tepe, argumentó Schmidt, era un
santuario regional: un lugar al que comunidades de cazadores-recolectores de un
área amplia acudían periódicamente para celebrar rituales colectivos. El
esfuerzo coordinado necesario para extraer, transportar y erigir los pilares
—sin animales de carga, sin herramientas metálicas— habría requerido una
organización social sofisticada que, en lugar de ser un producto de la
sedentarización, habría sido su motor. La necesidad de reunirse en torno a un
lugar sagrado habría incentivado el cultivo de cereales para alimentar a los
grupos durante las concentraciones.
En Göbekli Tepe primero
llegó el templo, luego llegó la ciudad.
—paráfrasis de la tesis de Schmidt, Sie bauten die ersten Tempel, 2006
Esta tesis conecta directamente con el
argumento de Jacques Cauvin que el proyecto presentó en el prolegómeno
natuficense: el cambio simbólico precede y posibilita el cambio económico.
Göbekli Tepe se convirtió, después de su publicación, en el argumento
arqueológico más citado a favor de esa posición.
1.3 El debate: revisiones y matices
El impacto de Göbekli Tepe no ha impedido el
debate crítico. E.B. Banning, en un artículo influyente publicado en Current
Anthropology en 2011, cuestionó la interpretación de Schmidt argumentando que
la ausencia de evidencia de habitación doméstica no es evidencia de ausencia:
los recintos podrían haber tenido funciones mixtas, domésticas y rituales, sin
que eso los convirtiera en un «templo» en ningún sentido técnico. La distinción
entre espacio sagrado y espacio doméstico, recordó Banning, es ella misma una
categoría moderna que no necesariamente corresponde a las divisiones
conceptuales de sus constructores.
Excavaciones posteriores a la muerte de
Schmidt en 2014 han añadido complejidad. El sitio es considerablemente más
grande de lo que la exploración inicial sugería, con estructuras que abarcan
varios períodos y al menos dos fases constructivas distintas. Algunos sectores
muestran evidencia de actividades que podrían interpretarse como domésticas. Y
hay indicios de que el sitio fue deliberadamente rellenado y abandonado hacia
el 8000 a.e.c., lo que plantea preguntas sobre la naturaleza de ese cierre.
Nota: El debate sobre Göbekli
Tepe ilustra un principio metodológico fundamental: los hallazgos arqueológicos
extraordinarios atraen interpretaciones extraordinarias, y el entusiasmo
interpretativo debe calibrarse con el mismo rigor que se aplica a los datos. Lo
que el sitio muestra con certeza es la construcción monumental coordinada por
comunidades pre-agrícolas. La interpretación de esa construcción como
"templo" en el sentido de espacio exclusivamente ritual es una
hipótesis, bien fundamentada pero no demostrada.
1.4 Lo que Göbekli Tepe establece para el proyecto
Más allá del debate sobre su función
específica, Göbekli Tepe establece tres cosas que este proyecto puede afirmar
con confianza razonable.
Primero: la organización colectiva para la
construcción de estructuras que exceden las necesidades inmediatas de
subsistencia existía en el Levante y Anatolia antes de la agricultura. Sea cual
sea la función de esos recintos, su construcción requirió una coordinación
social que desafía los modelos más simples de prehistoria.
Segundo: la iconografía animal tiene una
profundidad temporal que los textos escritos no muestran. Los buitres, las
serpientes y los zorros de Göbekli Tepe son anteriores en cinco milenios al
Enuma Elish y en seis al ciclo de Baal. El proyecto no puede afirmar
continuidad entre esos símbolos y los de las tradiciones históricas
posteriores, pero sí puede afirmar que el repertorio simbólico animal del ANE
tiene raíces más profundas de lo que los textos permiten ver.
Tercero: la diferenciación del espacio con
fines no exclusivamente utilitarios tiene una historia demostrable en la región
que comienza, como mínimo, en el noveno milenio a.e.c.
II. Çatalhöyük: cuando el rito vive en la casa
2.1 El sitio
Si Göbekli Tepe plantea la pregunta de la
relación entre ritual y economía, Çatalhöyük plantea otra igualmente central:
¿cómo se organiza el comportamiento simbólico cuando la gente ya vive en
comunidades estables? El sitio está en la llanura central de Anatolia, en la
actual Turquía, y fue habitado de manera continua durante aproximadamente dos
mil años, desde alrededor del 7500 hasta el 5700 a.e.c. En su apogeo, albergó
quizás entre ocho y diez mil personas: es uno de los asentamientos más grandes
del Neolítico conocidos.
James Mellaart lo excavó entre 1961 y 1965, y
sus publicaciones transformaron la comprensión del Neolítico anatolio. Desde
1993, Ian Hodder (Universidad de Stanford) ha dirigido un proyecto de
reexcavación sistemática que ha confirmado mucho de lo que Mellaart describió y
ha revisado radicalmente algunas de sus interpretaciones más llamativas.
2.2 La arquitectura: sin calles, con rituales en casa
Çatalhöyük tiene una arquitectura singular
que ya es en sí misma un argumento sobre la organización social. No hay calles:
las casas están adosadas unas a otras sin espacios de paso entre ellas. Se
accede a cada vivienda por el techo, a través de una abertura y una escalera.
Las casas se construyen, se habitan durante algunas generaciones y luego se
abandonan y se rellenan deliberadamente, y sobre el relleno se construye la
siguiente casa. El resultado es un tell —un montículo artificial de ocupaciones
sucesivas— que crece verticalmente a lo largo de los siglos.
Lo que distingue a Çatalhöyük de un simple
asentamiento neolítico es que los elementos simbólicos no están segregados en
un espacio especial separado de la vida cotidiana: están dentro de las casas.
Los muros de muchas viviendas muestran cráneos de bóvidos (bucranios)
incrustados en el yeso, a veces con los cuernos intactos. Los pisos cubren
enterramientos de los muertos de la comunidad —debajo de la misma superficie
donde se duerme, se cocina y se vive. Las paredes están pintadas con escenas de
caza, geométricas y, en algunos casos, con representaciones que los excavadores
han interpretado como escenas rituales.
Implicación
metodológica: La integración del ritual en el espacio doméstico en Çatalhöyük
desafía la distinción moderna entre sagrado y profano como esferas separadas.
Aquí lo "sagrado" —si esa categoría aplica— no está en un templo al
que se va en ocasiones especiales: está en el suelo que pisan y en las paredes
que rodean la vida cotidiana. Esta observación es relevante para el argumento
del proyecto sobre el anacronismo de aplicar la categoría moderna de
"religión" a estas culturas.
2.3 Las figurillas femeninas y el problema de la "diosa madre"
Aquí el proyecto debe detenerse con especial
cuidado, porque este es uno de los puntos donde la narrativa popular ha
divergido más radicalmente de la evidencia arqueológica.
James Mellaart publicó interpretaciones
entusiastas de Çatalhöyük que incluían una figura central: la Gran Diosa Madre,
una divinidad femenina que habría presidido una sociedad matriarcal o al menos
matrifócal. Mellaart basó esta interpretación en la abundancia de figurillas
femeninas —algunas de ellas de formas exuberantes, sentadas o de pie— que
encontró en el sitio. La propuesta fue amplificada por Marija Gimbutas,
arqueóloga lituano-estadounidense, que en The Language of the Goddess (1989)
construyó toda una teoría sobre la "civilización de la diosa" del
Neolítico europeo y anatolio, aplastada según ella por invasiones de pueblos
patriarcales indoeuropeos.
El proyecto de reexcavación de Hodder, con
métodos estratigráficos y analíticos más rigurosos, ha revisado esta
interpretación de manera sustancial. Los hallazgos más importantes de esa
revisión son los siguientes.
–
Las figurillas femeninas
son menos abundantes de lo que Mellaart sugirió: el registro completo incluye
figurillas de animales, de figuras masculinas y de figuras de género ambiguo en
proporciones que no permiten establecer una predominancia clara de lo femenino.
–
Las figurillas aparecen
principalmente en contextos de desecho —basureros, rellenos— no en contextos de
uso ritual evidente. Esto no excluye la posibilidad de que tuvieran función
ritual, pero tampoco la confirma.
–
La imagen más famosa del
sitio —la figura sentada entre dos felinos, hallada por Mellaart en lo que él
llamó un "santuario del grano"— ha sido recontextualizada: la
identificación del contexto como "santuario" era una interpretación
de Mellaart, no un dato del registro.
–
La sociedad de Çatalhöyük
muestra, en el análisis de Hodder, una notable igualdad entre individuos, pero
no hay evidencia de una estructura matriarcal ni de un culto organizado a una
diosa única.
Cautela epistemológica:
La
tesis de la "diosa madre" neolítica es uno de los casos más
documentados de eiségesis arqueológica: una interpretación proyectada sobre el
material desde presuposiciones previas —en el caso de Gimbutas, una narrativa
de pérdida de una edad de oro matriarcal— sin que el registro la sostenga con
la robustez necesaria. Esto no significa que las figurillas femeninas carezcan
de significado simbólico: significa que ese significado es más complejo y menos
legible de lo que la narrativa popular sugiere.
2.4 Los enterramientos bajo el suelo
El rasgo de Çatalhöyük más directamente
relevante para el hilo del proyecto es la práctica de enterrar a los muertos
debajo del suelo de la casa habitada. Los análisis osteológicos muestran que no
todos los muertos de la comunidad están representados en los enterramientos
domésticos: es probable que los enterramientos bajo el suelo correspondieran a
ciertos individuos o ciertas relaciones familiares específicas, no a toda la
población. Algunos individuos muestran evidencia de haber sido exhumados para
retirar ciertos huesos —especialmente cráneos— antes de un segundo
enterramiento.
Este patrón —el muerto bajo el suelo de la
casa, el cráneo separado y potencialmente circulante— tiene paralelos en otros
sitios del PPNB levantino, especialmente en Jericó y en Ain Ghazal. Sugiere que
las relaciones con los muertos en estas comunidades no terminaban con el
entierro: los antepasados seguían siendo presencias activas en el espacio
doméstico, y sus restos físicos eran objetos de atención sostenida.
III. Ain Ghazal y los cráneos de Jericó: los antepasados como presencia
3.1 Las estatuas de Ain Ghazal
En 1983, durante la excavación de un sitio
neolítico en las afueras de Ammán (Jordania), los arqueólogos encontraron
enterrado un conjunto de treinta y dos estatuas y bustos de tamaño
aproximadamente natural, modeladas en yeso de cal sobre armazones de cañas, con
ojos de betún y rasgos faciales pintados. Una segunda caché fue descubierta en
1985. Son las representaciones humanas a escala más grandes del Neolítico
conocidas, y datan de aproximadamente el 7250 a.e.c.
El sitio, Ain Ghazal, fue uno de los
asentamientos más grandes del PPNB del Levante, con una extensión que en su
apogeo alcanzó las doce hectáreas y una población estimada de varios miles de
personas. La excavación, dirigida por Gary Rollefson de la Universidad
Americana de Beirut, mostró un asentamiento con ciclos de expansión y
contracción a lo largo de dos milenios, con evidencia de transformaciones en
las prácticas rituales a lo largo del tiempo.
Las estatuas fueron deliberadamente
enterradas: no son depósitos accidentales sino actos intencionales de
ocultamiento o clausura. ¿Por qué? Las hipótesis van desde la renovación ritual
(las estatuas serían enterradas al final de un ciclo y reemplazadas por otras)
hasta la preservación (serían guardadas de manera segura). Lo que se puede
afirmar es que no eran objetos desechados sino tratados con cuidado hasta en su
disposición final.
Cautela epistemológica:
La
función de las estatuas de Ain Ghazal —ritual, doméstica, conmemorativa,
apotropaica— no está establecida. Su forma humana sugiere algún tipo de
representación de personas, vivas o muertas, reales o imaginadas. Más que eso
no puede afirmarse con el registro disponible.
3.2 Los cráneos con rostro de Jericó
Entre los hallazgos más evocadores del
Neolítico Pre-cerámico levantino están los cráneos humanos remodelados
encontrados en Jericó (Cisjordania) y en otros sitios del PPNB. El proceso es
el siguiente: el cráneo es separado del cuerpo, probablemente en un momento
posterior al entierro primario; luego se le aplica una capa de yeso de cal
modelada para reconstruir los rasgos faciales —nariz, mejillas, párpados— y en
algunos casos se insertan conchas marinas para representar los ojos. El
resultado es una efigie del rostro de la persona fallecida.
Kathleen Kenyon, que excavó Jericó en los
años cincuenta, encontró los primeros ejemplares. Desde entonces se han
documentado cráneos similares en Ain Ghazal, Kfar Hahoresh (Israel) y otros
sitios. La práctica cubre aproximadamente el período 8000-6000 a.e.c. y tiene una
distribución geográfica que abarca buena parte del Levante.
La interpretación más ampliamente aceptada es
que estos cráneos son evidencia de una práctica de culto a los antepasados: los
muertos de cierta categoría social —o cierto tipo de relación con los vivos—
eran mantenidos en el espacio de los vivos como presencias activas, no como
reliquias pasivas. Que esa interpretación sea correcta es una hipótesis
razonable. Que sea la única posible, no.
Patrón regional
emergente: Los enterramientos bajo el suelo en Çatalhöyük, las estatuas de
Ain Ghazal y los cráneos con rostro de Jericó apuntan a un patrón que se repite
en sitios distintos del Levante y Anatolia durante el PPNB: las comunidades
neolíticas desarrollan formas de mantener una relación activa con sus muertos,
materializando esa relación en objetos que ocupan el mismo espacio que los
vivos. Si este patrón tiene continuidad con las prácticas de culto a los
antepasados de las culturas históricas posteriores es una pregunta que el
proyecto no puede responder con certeza, pero que merece formularse.
IV. Síntesis: lo que el Neolítico añade al arco
4.1 Tres transformaciones documentadas
El análisis de los sitios neolíticos permite
identificar tres transformaciones en el comportamiento simbólico respecto al
período natuficense, documentadas con distintos grados de certeza.
La escala. El Neolítico produce el primer comportamiento simbólico
monumental de la región: Göbekli Tepe requirió la movilización coordinada de
recursos y trabajo a una escala sin precedentes en el registro arqueológico del
ANE. El símbolo adquiere una dimensión pública y colectiva que el período
natuficense no muestra con la misma intensidad.
La integración del rito en el espacio
construido. Çatalhöyük muestra que el
comportamiento ritual no se confina a espacios especiales separados de la vida
cotidiana: los bucranios en las paredes, los muertos bajo el suelo, los
relieves pintados en los dormitorios. El espacio doméstico es también espacio
simbólico. Esta integración contrasta con el modelo moderno de "lugar de
culto" como espacio segregado.
La materialización de los antepasados. Los cráneos remodelados y las estatuas de yeso sugieren
que en estas comunidades los muertos no simplemente dejaban de existir: su
presencia se mantenía activa a través de objetos que los representaban o
contenían. Este patrón es uno de los candidatos más plausibles como antecedente
estructural de las prácticas funerarias elaboradas de las culturas históricas
posteriores.
4.2 Lo que no puede afirmarse
Con toda la evidencia disponible, el proyecto
no puede afirmar lo siguiente.
No puede afirmarse que Göbekli Tepe sea un
"templo" en el sentido de espacio exclusivamente dedicado al culto a
deidades. Puede afirmarse que es una estructura monumental de función no
exclusivamente utilitaria, construida mediante coordinación colectiva a gran
escala.
No puede afirmarse que Çatalhöyük tenía una
"religión de la diosa madre" ni ninguna teología organizada. Puede
afirmarse que el espacio doméstico incorporaba elementos simbólicos complejos,
incluyendo representaciones de animales y tratamiento ritual de los muertos.
No puede afirmarse que hay una línea directa,
trazable arqueológicamente, entre los símbolos de estos sitios y los mitos
escritos de las tradiciones mesopotámicas, cananeas o israelitas de milenios
posteriores. Puede afirmarse que ciertos patrones estructurales —la iconografía
animal, el culto a los antepasados, la diferenciación del espacio— tienen
profundidad temporal que los textos no muestran.
4.3 El problema de la continuidad
Esta es la pregunta más difícil del período,
y la más honesta es admitir que no tiene respuesta disponible. ¿Hay alguna
línea que conecte el hombre-leopardo de Çatalhöyük con el dios tormenta Baal de
los textos ugaríticos del 1400 a.e.c.? ¿Conecta el culto a los antepasados del
PPNB con el tratamiento ritual de los muertos en el Israel del Hierro?
El problema es el gap: entre el final del
período aquí estudiado (~3500 a.e.c.) y el inicio de los primeros textos con
contenido mitológico explícito (~2600 a.e.c. para los textos sumerios más
antiguos), hay un milenio de oscuridad relativa. Y entre los primeros textos
sumerios y los mitos cananeos del 1400 a.e.c. hay otro milenio. Los patrones
estructurales que se repiten a través de ese gap —la iconografía del toro, la
serpiente como símbolo liminal, los dioses de la tormenta— podrían ser
evidencia de continuidad, o podrían ser convergencias independientes producidas
por condicionantes cognitivos y ecológicos compartidos.
El proyecto no resolverá esta pregunta porque
no puede resolverse con la evidencia disponible. Lo que sí puede hacer es
formularla con precisión y resistir la tentación de resolverla mediante
narrativa: mediante la construcción de un arco demasiado limpio que va de
Göbekli Tepe a Baal a Yahweh como si fuera un desarrollo inevitable.
La coherencia narrativa
es la tentación permanente del historiador. La evidencia del Neolítico no se
presta a relatos lineales sin un costo epistemológico que este proyecto no está
dispuesto a pagar. —principio metodológico
del proyecto
V. El Neolítico cerámico y el Calcolítico (~6.500 – 3.500 a.e.c.): breve
nota
El período que va del final del PPNB a los
albores de la escritura merece una nota aunque no un análisis exhaustivo: los
sitios más importantes de esta fase —Çatal Höyük en sus niveles superiores,
Halaf, Ubaid, las culturas Ghassul-Beersheba en el sur del Levante— muestran
una continuación y complejización de los patrones identificados, sin cambios
cualitativos en el tipo de evidencia disponible para el proyecto.
Sí merecen mencionarse dos desarrollos que
son relevantes para el hilo del proyecto.
La cerámica como vehículo simbólico. La aparición de la cerámica (~7000 a.e.c. en algunas
zonas) no es solo una innovación técnica: es la primera vez que la decoración
simbólica se aplica sistemáticamente a objetos de uso cotidiano en cantidades
que permiten un análisis estadístico. Los motivos geométricos, las
representaciones de animales y las figuras abstractas de la cerámica del
período ofrecen un registro simbólico nuevo, aunque su lectura es igualmente
especulativa.
La metalurgia del cobre y la
diferenciación social. El Calcolítico
(~4500-3500 a.e.c.) introduce el cobre en el Levante y Anatolia. Los objetos
metálicos aparecen en contextos funerarios de alta estatus, lo que indica una
asociación entre la nueva tecnología y la diferenciación social. Esta
diferenciación social creciente es el contexto en que emergen, hacia el final
del período, las primeras ciudades y con ellas la escritura.
Con la escritura termina el régimen
epistemológico prehistórico del proyecto. La siguiente sección —Mesopotamia:
cosmogonía, panteón y mito escrito— opera con las herramientas del método
histórico-crítico aplicadas a fuentes textuales reales. El salto cualitativo en
el tipo de conocimiento que puede producirse es considerable.
Referencias bibliográficas
Göbekli
Tepe
Banning, E.B. So Fair a House: Göbekli Tepe and the
Identification of Temples in the Pre-Pottery Neolithic of the Near East. Current Anthropology 52/5 (2011): 619–660.
Schmidt, Klaus Sie bauten die ersten Tempel: Das rätselhafte
Heiligtum der Steinzeitjäger.
Munich: C.H. Beck, 2006.
Çatalhöyük
Hodder, Ian The Leopard's Tale: Revealing the Mysteries of
Çatalhöyük. London: Thames &
Hudson, 2006.
Hodder, Ian (ed.) Religion in the Emergence of Civilization:
Çatalhöyük as a Case Study. Cambridge:
Cambridge University Press, 2010.
Mellaart, James Çatal Hüyük: A Neolithic Town in Anatolia. London: Thames & Hudson, 1967.
La
"diosa madre": la tesis y su crítica
Gimbutas, Marija The Language of the Goddess. San Francisco: Harper & Row, 1989.
Meskell, Lynn Goddesses, Gimbutas and New Age Archaeology. Antiquity 69/262 (1995): 74–86.
La
revolución simbólica: marco teórico
Cauvin, Jacques The Birth of the Gods and the Origins of
Agriculture. Trad. Trevor
Watkins. Cambridge: Cambridge University Press, 2000.
Ain
Ghazal y los cráneos de Jericó
Kenyon, Kathleen M. Digging Up Jericho. London: Ernest Benn, 1957.
Rollefson, Gary O. Ritual and Ceremony at Neolithic Ain Ghazal
(Jordan). Paléorient 9/2 (1983):
29–38.

Comentarios
Publicar un comentario